
¡EL ARTE DE SER ALUMNO DEL MAESTRO DE MAESTROS!

¡El Arte de ser Alumno del Maestro de Maestros!
En la era de la información inmediata y la autonomía personal, la figura del discípulo puede parecer un concepto de otra época. Sin embargo, cuando nos sumergimos en la raíz bíblica y etimológica de esta palabra, descubrimos que el discipulado no es una tradición estática, sino una dinámica intelectual y espiritual revolucionaria y transformadora.
Ser discípulo, según el Nuevo Testamento implica mucho más que seguir a alguien de lejos; significa dirigir la mente con intención, acostumbrarse a una nueva forma de vida y aprender bajo instrucción directa. Es la decisión consciente de apagar el "piloto automático" del mundo para entrar en la escuela de Aquel que transformó la historia, nuestro señor Jesucristo.
A diferencia de los modelos educativos de su tiempo, donde el alumno buscaba al mentor, en el Reino de Dios es el Maestro quien toma la iniciativa. Jesús no espera a que estemos listos; Él irrumpe en nuestra realidad con un llamado personal que exige compromiso, no solo con una doctrina, sino con su propia persona. Él se presenta como el "Maestro de maestros", poseedor de una autoridad divina capaz de interpretar la vida y la fe con una claridad que ninguna otra escuela de pensamiento puede ofrecer. Este es el tema que hoy les compartimos.
¿Qué significa ser un discípulo?
La palabra utilizada por Jesús en Juan 8:31 para describir a un seguidor suyo es traducida como discípulo, sin embargo la misma está cargada de un gran significado. Su sentido básico es «dirigir la mente hacia algo», este término llega a ser usado para: a) «acostumbrarse a algo», b) «experimentar», c) «aprender a conocer», d) «comprender», e) «aprender bajo instrucción» o discipulado y f) «recibir dirección de una deidad mediante un oráculo». El uso comporta constantemente un proceso intelectual que siempre tiene efectos externos e implica una iniciativa intelectual consciente o inconsciente. Por eso otros términos pueden aclararlo pero no pueden sustituirlo[1].
Para Kittel y Friedrichy la palabra discípulo (manthanos) se usa para aquellos que dirigen su mente hacia algo. Luego denota al“alumno”, no como un novato, sino como quien está comprometido en el aprendizaje. En el sentido de “alumno”, implica la relación con un maestro. Puede usarse entonces de diversos modos, por ejemplo para el aprendiz de un tejedor, un estudiante de médico o el discípulo de una escuela filosófica. En un sentido más amplio, este término denota un lazo intelectual entre personas que están lejanas en el tiempo[2]. En el caso del evangelio hace referencia al seguidor de Jesús que pone en práctica sus enseñanzas.
En resumen podemos decir que un discípulo de Jesús a la luz del Nuevo Testamento es aquella persona que conscientemente decide seguir a Jesús como su maestro, convirtiéndose en su alumno y comprometiéndose con su aprendizaje. De hecho, en este proceso mantiene una relación constante con su maestro.
¿Para qué haya un discípulo debe existir un maestro?
En el Nuevo Testamento Jesús es llamado como maestro. Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy (Juan 13:13). La palabra utilizada denota a alguien que como maestro enseña sobre las cosas de Dios y los deberes de los seres humanos. De hecho, Jesús es el Maestro de maestros y su enseñanza perdura para siempre ya que tiene el poder de transformar vidas. Noten que él se autoproclama como maestro, confirmado el título dado por sus discípulos, como el maestro enviado de Dios para enseñarnos el Plan Divino de la Salvación.
Él es el mejor maestro que hayamos conocido. El maestro de los maestros, el Hijo de Dios era quien enseña e interpretaba la materia de Biblia. Jesús como “El maestro” tenía un doctorado en el uso y defensa de la fe y resistencia ante los ataques de las otras escuelas del pensamiento (El Bautismo demuestra su aprobación divina y la tentación de Jesús el examen final). Su enseñanzas tenían el propósito de la salvación y transformar la vida de todos sus discípulos a su imagen y semejanza.
Nuevamente Kittel y Gerhard Friedrichy nos ayudan a entender la dinámica del ministerio educativo de Jesús, al señalar que:
·Un rasgo básico del discipulado neotestamentario es que comienza con un llamado en el cual Jesús toma la iniciativa (Marcos 1:17; Mateo 4:19; Lucas 9:49 y Juan. 1:43). Esto difiere claramente de la práctica rabínica, en la cual es deber del estudiante encontrar un maestro…
·Otro aspecto singular del discipulado del NT es que se trata de un compromiso con la persona de Jesús. Su enseñanza sólo tiene fuerza cuando existe primero este compromiso con su persona. Pedro probablemente conoce a Jesús, y lo ha oído hablar, antes del incidente de Lucas 5:1ss, pero es el impacto de la persona de Jesús lo que hace de él un μαθητής (cf. Natanael en Jn. 1:45ss)[3].
Nuestro maestro enseñó con palabras, con su vida como ejemplo a seguir, utilizando cualquier espacio y momento disponible. Estableciendo su mensaje de lo conocido por sus discípulos a las verdades eternas reveladas por Dios. Nos dejó su legado sobre cómo debemos conducirnos.
En resumen podemos decir que Jesús fue reconocido por sus oidores y seguidores como un maestro con autoridad divina, a los cuales les enseñaba el mensaje divino de las buenas nuevas de salvación y en consecuencia como debían vivir como sus discípulos. Por eso les dijo a los que creyeron en él: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.“ (Juan 8:31-32). Así mismo en otra oportunidad les dijo …”Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).
Jesús nos promete que cuando nos convertimos en genuinos alumnos de Él, se encargará a través del Espíritu Santo de enseñarnos toda la verdad, una verdad que nos quita el velo de las falsas doctrinas que dominan este mundo o sociedad del siglo XXI. Este aprendizaje es el que nos lleva a la libertad cristiana. En sus enseñanzas obtenemos el descanso de nuestras angustias, dudas y orientaciones para saber vivir este momento histórico.
¿Cuáles son las principales características del discípulo de Jesucristo?
Negarse a sí mismo.
Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.(Marcos 8:34). Seguir a Jesús es dejar de actuar según sus propios valores para adoptar y seguir los valores del Maestro. Es poner a Jesús en primer lugar en “todas” las cosas, dijimos TODAS no solo en las que nos conviene, despojándonos del comportamiento egocéntrico (Yo soy el centro del universo, en mi vida mando yo), y ser revestidos del Cristo como centro de nuestro pensamiento y acciones. Esta acción implica apartarse del mundo y no conformarse a los estándares establecidos por nuestra sociedad actual, enfocándonos en nuestro Señor y agradarle en cada área de nuestras vidas.
Aprender y poner en práctica sus enseñanzas.
Ser discípulo de Jesús va más allá de leer y recitar de memoria los pasajes bíblicos, es trasformar la manera de pensar y de actuar las 24/7 de acuerdo con las enseñanzas dadas por el Maestro de maestros. Dejando que las enseñanzas de Jesús a través de la guía del Espíritu Santo moldeen y regulen de manera transformada el comportamiento en el día de hoy (Romanosc12:1-2).
Llevar fruto.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. (Juan 15:5-8).
Como discípulos de Jesús tenemos la función de permanecer en Cristo y en consecuencia el Espíritu Santo producirá el fruto de nuestro trabajo y de la obediencia al Señor. Como señalan e Gotcuestion.org,a medida que nos volvemos más obedientes al Señor y aprendemos a caminar en Sus caminos, nuestras vidas cambiarán. El cambio más grande ocurrirá en nuestros corazones, y el resultado de esto será una nueva conducta (pensamientos, palabras y acciones) representativa de ese cambio. El cambio que buscamos se hace de adentro hacia afuera, a través del poder del Espíritu Santo. No es algo que podamos provocar por nosotros mismos[4].
Manifestar el amor.
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.(Juan 13-34-35). Esta es la prueba de que somos realmente miembros de la familia de Dios (1Juan 3:10).
Jesús nos dejó el amor como un mandamiento y nos enseñó em Mateo 22:37-40 lo siguiente “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. La palabra utilizada para describir este amor significa abandonar el egocentrismo y ubicar como objeto de nuestro amor primeramente a Dios, utilizando nuestros cinco sentidos, el pensamiento y las emociones para postrarnos ante nuestro Dios. Pero la proyección del amor incluye a nuestro prójimo o semejante. Es un amor desinteresado a favor de nuestros hermanos en la mutua fe, y del prójimo en general viéndolos a través del lente de Jesús, nuestro maestro. No esperando nada a cambio sino solo el servicio cristiano.” Es dar sin esperar recibir nada a cambio.”
Testificar de la fe que tenemos.
Nuestro ejemplo de rectitud. Testificar con nuestras palabras compartiendo a otros como el evangelio de Cristo transformó nuestras vidas e invitándolos a que se dejen transformar ( Mateo 28: 19-20).
En síntesis, podemos decir que un discípulo cristiano es aquel que pone a Jesús en primer lugar, obedece al Señor y su Palabra, produce buenos frutos, ama a los demás y hace más discípulos. Alguien así seguramente tendrá un impacto en este mundo caído para la gloria de Dios.
[1] Gerhard Kittel y Gerhard Friedrichy (2002, Op cit, p. 428, 2002).
[2]Kittel y Gerhard Friedrichy, op.cit, p. 431, 435.3. Los discípulos de Jesús. a. El llamado. La iniciativa de Jesús. Un rasgo básico del discipulado neotestamentario es que comienza con un llamado en el cual Jesús toma la iniciativa (Mr. 1:17; Mt. 4:19; Lc. 9:49; Jn. 1:43). Esto difiere claramente de la práctica rabínica, en la cual es deber del estudiante encontrar un maestro… b. Los discípulos en su relación con Jesús. (a) El compromiso con su persona.
[3] Kittel y Gerhard Friedrichy (2002), op.cit, p. 431, 435.3
[4]Gotquestions.org, Discipulado cristiano.
